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Todo el mundo ha oído hablar de Agatha Christie, ha leído sus novelas, visto sus películas o sus obras de teatro y personajes como Hércules Poirot o Miss Marple son ya iconos de la literatura universal.
Pero muy poca gente conoce la otra vida de Agatha Christie, una vida vinculada a la arqueología mesopotámica y al mundo de Oriente, a sus viajes y estancias en Irak y Siria, lugares en los que ella misma nos dice que pasó los mejores momentos de su vida.
Y menos aún que muchas de sus más famosas obras como “Asesinato en el Orient Express”, “Muerte en el Nilo”, “Asesinato en Mesopotamia” o “Cita con la muerte” por citar algunos títulos, fueron inspirados y escritos en aquellas tierras.
¿Qué llevó a una prestigiosa escritora inglesa a las polvorosas colinas orientales a excavar en busca del pasado más remoto de la humanidad?
Lo cierto es que la misma vida de Agatha Christie fue bastante novelesca.
Hija de una adinerada familia británica y casada con un piloto de las Fuerzas Aéreas Británicas, se convirtió en una escritora bastante conocida e incluso podía vivir de ello.
Con la publicación en 1926 de la novela “El asesinato de Rogely Castroy” consiguió su consagración como una de las mejores escritoras de misterio y lo que parecía el inicio de una brillante etapa se convirtió en uno de los peores periodos de su vida: la muerte de su madre, a la que se encontraba muy unida y la confesión de su marido de que tenía una amante con la que pensaba irse, dejó a Agatha sumida en una profunda depresión que le llevó a protagonizar uno de los capítulos más sorprendentes de su vida, digno de una novela: su desaparición durante más de una semana.
Cuando todo el mundo pensaba que se había suicidado, apareció en un balneario con un episodio de amnesia temporal sin recordar nada de lo que había ocurrido en aquellos días.
Tras este enigmático episodio, que por otro lado nunca llegó a desvelar lo que realmente ocurrió en aquellos días,Agatha empezó a rehacer su vida: se divorció de su marido y se volvió a centrar en sus novelas, pero necesitaba un cambio de aires.
En una cena en Londres conoció al matrimonio de Charles Leonard Wooley, un brillante arqueólogo que trabajaba en Iraq y a su esposa Katheleen, gran admiradora de Agatha, a quien invitaron a visitar Bagdad y Ur , lugar donde el matrimonio Wolley realizaba sus excavaciones.
Y aquí empezó, sin saberlo, la que sería su nueva vida, una vida vinculada a Siria y a Oriente en general y también a la arqueología, sin olvidar sus asesinatos.
El viaje hasta Bagdad a bordo del mítico Orient Expres era un recorrido de más de 3.300 km en uno de los trenes más famosos y lujosos de todos los tiempos, que unía Paris con Estambul.
Una vez en Turquía otro tren de la misma compañía, el Taurus Express, llegaba hasta Alepo, Beirut y Damasco.
Agatha se enamoró de Ur, de su milenaria historia, de su paisaje, de su gente, de la vida en la excavación.
“Me enamoré de Ur , de su belleza al atardecer , con los zigurats que se elevan ligeramente ocultos por las sombras y aquel ancho mar de arena con los colores pálidos, maravillosos, amarillo melocotón, rosa, azul, malva, cambiando a cada minuto.”
Así, en uno de los yacimientos más importantes de Mesopotamia, en Ur conoció a un nuevo personaje,Max Mallowan, pieza clave en las excavaciones del equipo de arqueólogos.
La primera impresión que le causó a Agatha fue:“era un hombre joven, delgado, moreno, muy callado. Que raramente hablaba aunque estaba muy atento a todo lo que pedía…Era romántico ver cómo aparecía, lentamente entre la arena, un puñal con reflejos dorados.
El cuidado con el que los arqueólogos levantaban del suelo las vasijas y demás objetos me incitaba a ser arqueólogo”. “…teniendo que pasar la noche en el único lugar que encontraron: dos celdas contiguas en la prisión local.
Seguramente fue en aquel momento cuando se enamoraron: Max debía pensar que jamás encontraría a ninguna otra mujer que pudiera aguantar este tipo de vida y estas situaciones, y Agatha debía pensar que ningún otro hombre le podría descubrir aquellos nuevos y fascinantes mundos y hacerle vivir aquellas increíbles aventuras.”