Turismo y religión en oriente medio, por Mónica Montoro
Toda la geografía de Oriente Medio está plagada de lugares religiosos. Como cuna del Cristianismo, gran parte del territorio se convirtió en Tierra Santa, lo que provocó que, ya desde el S. IV, algunos viajeros procedentes de Europa se lanzaran a la aventura de visitar los lugares en los que Jesucristo y sus seguidores habían vivido y actuado. Estos primeros viajeros, algunos de ellos hispanos célebres como la monja Egeria, abrieron el camino a las rutas de peregrinación que, aún hoy, jalonan todo el Medio Oriente.
Estas rutas supusieron desde su inicio un enorme estímulo para la economía de la zona, no solo para Jerusalén, objetivo primordial de la gran mayoría de los fieles, sino también de todos aquellos territorios intermedios por los que los peregrinos pasaban en su trayecto. Al calor de estas rutas surgieron multitud de iglesias y monasterios que se jactaban de haber formado parte de la vida (en ocasiones inédita) de Jesús o de contar con reliquias de Santos, muchos de ellos desconocidos. Siguiendo un proceso que conocemos bien en España, comenzó el tráfico de reliquias y la competencia por disponer de los lugares sagrados oficiales, lo que en algunos casos ha generado duplicación de ubicaciones y enfrentamientos aún hoy abiertos entre nacionalidades.
El caso más paradigmático es, sin duda, el de Betania, el lugar del bautismo de Cristo. En la actualidad Jordania e Israel se disputan el honor de albergar la ubicación del citado lugar en su propio territorio. Por supuesto, los dos aducen sus pruebas. Éstas estuvieron en un principio basadas en el texto bíblico. A través de la exégesis de los evangelios se intentaron buscar datos que apoyaran las reivindicaciones de unos y de otros. Pero como es por todos conocido, los textos religiosos suelen ser fácilmente interpretables, con lo que el resultado fue, como era previsible, que ambas partes encontraron pruebas irrefutables para localizar el lugar del bautismo en su propio territorio.
Llegados a este punto, ambos optaron por recurrir a la Arqueología. La Arqueología bíblica es una parte de la Arqueología especializada en el estudio de los restos materiales que, de manera directa o indirecta, están relacionados con los relatos bíblicos. Sin entrar en muchos más detalles que nos llevarían a largas horas de discusión acerca de la supuesta objetividad de esta disciplina, el hecho indiscutible es que, la Arqueología, como cualquier otra ciencia, debe de contar con especialistas neutrales que sepan interpretar los datos que obtienen de las excavaciones. El objetivo de la Arqueología es aportar pruebas materiales para profundizar en el conocimiento de la Historia, no buscar justificaciones para demostrar un hecho ya aceptado de antemano. Las cosas no funcionan así. Y prueba de ello es que las excavaciones realizadas en ambas partes no han aclarado nada, ni a los fieles, que siguen acudiendo a un sitio u otro marcados por su propia ideología, ni al mundo científico que desconfía de excavaciones realizadas con un objetivo fundamentalmente comercial.
En la foto: Restos de una de las iglesias encontradas en las excavaciones de Betania de Transjordania.
Después de años de disputa y gran cantidad de recursos invertidos en las excavaciones (de una parte más que de otra, todo hay que decirlo) la cuestión parecía quedar zanjada en el año 2000 con la visita de Juan Pablo II a Betania de Transjordania, como se conoce el “supuesto” lugar del bautismo en territorio jordano. La visita del pontífice dio al lugar un halo de oficialidad e hizo a la parte contraría reavivar sus esfuerzos por mantener su porción del negocio
En la foto: Piscinas bautismales en la zona jordana.
En la actualidad, ambas partes han construido sendos centros de visitantes y parques bautismales donde la gran mayoría recoge agua del río Jordán para bautizar a los niños siguiendo la tradición de la Casa Real o como mero suvenir, y los más religiosos reciben un segundo bautismo, con un poco de suerte (o con un poco más de presupuesto, como se dice por ahí), por inmersión tal y como lo haría el propio San Juan.
La polémica está servida y ¿qué mejor que una buena polémica para fomentar el turismo?
Mónica Montoro Castillo
Doctora en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid, está especializada en Arqueología Clásica.
Ha trabajado como investigadora en dicha Universidad, así como en distintos yacimientos arqueológicos de varios períodos cronológicos.
En la actualidad, forma parte del proyecto de investigación del yacimiento hispano-romano de Valeria. Es, además, gran conocedora del Mundo Islámico, ámbito sobre el que trabajó durante gran parte de su experiencia como arqueóloga, participando en excavaciones como las de la Alcazaba de Badajoz o el Castillo de Cuncos (Portugal). Tiene, además, una amplia experiencia como docente, así como en la impartición de conferencias y seminarios. Durante el último año y medio ha acompañado a diversos grupos en sus viajes a Oriente Medio.



